100 años de soledad
Ursula se preguntaba si no era preferible acostarse de una vez en la sepultura y que le echaran tierra encima, y le preguntaba a dios, sin miedo, si de verdad creía que la gente estaba hecha de fierro para soportar tantas penas y mortificaciones; y preguntando y preguntando iba atizando su propia ofuscación y sentía unos irreprimibles deseos de soltarse a despotricar como un forastero, y de permitirse por fin un instante de rebeldía el instante tantas veces anhelado y tantas veces aplazado de meterse la resignación por el fundamento y cagarse de una vez en todo, y sacarse del corazón los infinitos montones de malas palabras que había tenido que atragantarse en todo un siglo de disconformidad
-¡Carajo!
Amaranta, que empezaba a meter la ropa en el baúl, creyó que la había picado un alacrán.
-¡Donde esta!
-¿Que?
-¡El animal!
Ursula se puso el dedo en el corazón
-Aquí.
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